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Los trenes que duelen.

Los trenes que se escapan no son los que duelen, no. Porque pasado el agobio, las prisas y carreras te das cuenta  de que has llegado antes de la hora, que te ha visto mientras se marchaba, que tú ni siquiera sabes donde va… Y para cuando lo asimilas, ya te ha dejado de doler, te ha dejado de importar… y si acaso queda dolor es de orgullo o incomprensión,  pero no de amor, porque si alguien puede irse sin mirar atrás no está amando ni merece ser amado. Lo sabré yo, que he sido tren escabullido más veces de las que me importa.

Los trenes que duelen son los que tienes que dejar ir. Al que tienes que explicarle que su estación y la tuya están demasiado lejos, sin paradas intermedias, sin término medio, sin posibilidad de mudanza. El tren que tienes que explicarle que tu vida no está a medias aunque él no esté, que tienes que echar de la estación, dejarle solo y tirado en ella para no ver como se va, al que quieres pedirle un abrazo y que vuelva cuando aun no se ha ido… cómo duele ese tren.

Y así estaba ella, rota por dentro entera por fuera, explicándole a él que a veces amar no es suficiente. Que aunque el camino con él sería bonito no hay camino que poder recorrer juntos. Que cuando planificaron sus vidas no conocian uno la estación del otro, ni la piel, ni los besos y por eso habían sembrado vidas, hijos y rutinas tan lejos el uno del otro.

Ninguno podía partir en trozos sus raíces ni sus arboles genealógicos. Ninguno tenía el derecho a pedirlo o sugerirlo, menos aún a exigirlo.

Por un tiempo fueron de aquí para allá, entre estación y estación. Lo intentan todo, partirse en pedazos, hacer de tripas corazón, aprovechar cada segundo. Fantaseando cómo sería tomar café juntos cada mañana, ver series juntos o tomar un vino mientras hablan de lo largo que ha sido el día.

Pero intentarlo tampoco es suficiente. Al final los dos, muy en el fondo, lo sabían.  Sabían que vivir el uno sin el otro era un putada, pero tenerse a medias era condenarse a ser infelices para siempre, comieran o no perdices. Muy en fondo los dos sabían que a veces amar no es suficiente, a veces simplemente es imposible.

Y ella… también muy en el fondo: en la sensibilidad de las entrañas… sabía que a él dejaría de dolerle cuando se diera cuenta que ella era el tren que se escapaba desmereciendole, pero a ella siempre iba a dolerle dejarle ir.

Para VyR … aunque a veces amar no sea suficiente.

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