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Un chico de Berlín.

¿Sabéis cuando pasáis mucha vergüenza y pasan los años, lo recuerdas y te vuelves a morir de la vergüenza solo de pensarlo?

Eso justamente me pasó hace unos días, hablaba con un amigo de qué es una película buena y una mala o si se debería calificar por tu gusto propio y personal o a nivel técnico.

La realidad es que a veces nos gustan pelis que técnicamente son malas y algunos tíos imbéciles, a veces nos gustan las pizzas congeladas o los helados del supermercado… aun cuando todo el mundo sabe que una pizza de horno de leña está mejor y que los helados en una buena heladería no tienen punto de comparación con un MAGNUM. Pero a veces, depende del momento, nos gusta lo que nos gusta.

Mientras lo habla con él pensaba en «Crepúsculo» que es mi película «mala» favorita. Me gustó la primera vez que la vi, era una cría, No opino que sea buena, sobre todo la primera… pero me gustaba.

Pues aquí estaba yo, hablando con este amigo de esta crisis-exiscinefila cuando de pronto PLOF uno de esos «trágame tierra» en modo flashback.

Aquí va…

Yo tenía poco más 20 años (ha llovido mucho) era mi primera vez en Berlín. Siempre he sido hipersociable, con poco miedo al ridículo (excepto en lo que hablar en otros idiomas se refiere) me gusta hablar, debatir y conocer gente, me encanta hacer cosas nuevas así que cualquier plan me viene bien. No soy una persona superguapa ni segura de sí misma, pero nunca me ha supuesto un problema a la hora de relacionarme a ningún nivel; social, laboral, amoroso…

Cuando llegue uní a un grupo de españoles. Era un grupo ya formado desde hacía tiempo, había gente que evidentemente se caía mejor que otra, como suele ser típico) no era excesivamente grande y casi todos rondaban entre los 30 y 40. Era una edad con la que me sentía cómoda por aquel entonces, los chicos no son tan infantiles y las chicas te ven como un cachorro así que es más fácil entrar en su secta de machos marcados con ardientes varas de hierro forjado. Aun así es difícil, primero tienes que hacer un trabajo de investigación previo, enterarte de a quién le gusta quién, quién se ha tirado a quién y luego darte cuenta de que hagas lo que hagas, incluso respirar, va a molestar a alguna chica del grupo. (Sé que esta es una cosa de la que jamás os habéis preocupado los tíos)

Una vez asumido, lo mejor es hacer lo que te de la gana.

Él no parecía el típico crío de 20 años insufrible y con menos tema de conversación que un peluche de los chinos de los que hay que apretar para que suelten una frase corta, sin contexto y mecánica. No lo parecía.

Yo tampoco estaba muy exigente, en principio me valía cualquiera que hablara español y no se pareciera en nada a mi ex. En eso cumplía.

En el grupo coincidíamos, pero no hablábamos mucho así que como hablar era mi fuerte le agregue a Facebook.

Tengo una fascinación con la capacidad que tienen los niños pequeños de hacer amigos. Llegan a un parque, buscan a un niño que no parezca que va a romperles su camión favorito y le dicen ¿Quieres ser mi amigo?

El mayor pilar, para mí, en cuanto a crear relaciones interpersonales desde cero, es una mezcla entre esa fascinación por ese: «No se requieren conocimientos previos» con la que dos niños, dos personas… pueden relacionarse sin importar nada más. Y una película de Robin Williams que se titula «Adams Patch» y que en algún momento dice algo así como «si tú sonríes (sin motivo aparente) a otra persona, esa persona te devolverá la sonrisa»

Voy a haceros un poco de spoiler, el colega era un poco tonto (te quiero, pero es lo que hay) le envié una invitación de Facebook, le dije que si quería que fuéramos amigos y él fue, una cosa que odio, tan educado y repelente que molestaba. Aborrezco sobremanera cuando un adulto se considera demasiado adulto para hacer cualquier cosa que no sea notablemente adulto.

Nota: Siento mucho que vuestra madurez sea tan frágil, pero dejarnos al resto en paz. Gracias.

Pasó el tiempo, seguimos viéndonos con más gente, en el grupo había de todo y la verdad es que pegábamos bastante poco, aunque éramos casi todos buena gente. Había una flor algo perdida, un mexicano muy fresa, una pareja que se consideraba demasiado guay para estar allí, un trío con la custodia compartida de un perro (una calle que bien podría estar llena de locos o cuerdos dependiendo de cuanto quisieras cuestionarte tu propia cordura) el mundial de futbol que solo era una excusa para hablar español un rato, paella, comida mala, dardos, noches largas, billares, alcohol y alemanes que cuando piden fuego parece que te están proponiendo sexo…

Nota: explicarle a un alemán que «tienes fuego?» en alemán es fonéticamente muy parecido a: «Follas hoy?» En español, es algo que llegas a disfrutar con el tiempo.

Y paso el tiempo, Carnaval de las culturas… os avanzo (para que no os hunda en la miseria como me pasó a mí) que es un festival bonito, pero que se parece a un carnaval lo mismo que el sexo a lo que hacen los alemanes… se llame como se llame esa tristeza de evento de cama.

«Carnaval» de las culturas y al final como vivíamos en la misma dirección volvimos juntos. Creo que era la primera vez que estaba con él a solas y solo quería irme a casa lo antes posible: Yo no solamente no le gustaba sino que además parecía que le caía mal. Sé que esto suena egocéntrico y pretencioso, pero yo no estoy acostumbrada a caer mal, soy adorable.

U2, el único metro de Berlín que va fuera de tierra. Solo quedaban dos paradas. Él se iría a su puta casa y yo tendría que coger un tranvía a la mía. Por una parte no veía el momento de que se fuera y por otra estaba muy nerviosa porque nunca había estado tan tarde y sola por Berlín, no conocía bien la zona y el patio interior de mi edificio me daba pánico. Un par de semanas, antes de llegar a Berlín me habían agredido, no gravemente, pero iba algo nerviosa.

Él estaba incómodo y quería irse a casa. Supongo que se consideraba demasiado guay y maduro como para que le hubieran encasquetado a la cría. Yo ya había llegado al punto en el que me daba todo igual y solo quería asegurarme de estar segura de como volver a casa, mientras él me decía que tenía que aprender a moverme sola por la ciudad porque parecía una cría.

Y de pronto va y se para maldito metro en medio del puente Oberbaum que debe estar a 50 metros de la parada y a 20 sobre el río. Y allí nos quedamos casi media hora. Si él no se hubiera comportado como un capullo integral hubiera sido hasta divertido, pero al hastío que llevábamos ambos se sumaba el mes de mayo, el calor y la gente borracha volviendo a casa después de un evento que duraba todo el día…

Un poco por cambiar de tema, un poco por matar el tiempo intenté olvidarme de que era idiota y hablar con él (como ya os he dicho, soy adorable) así que le pregunté que le gustaba si tenía alguna afición… y me suelta «El cine!» Guay, ese era mi punto fuerte y de alguna manera al decir aquello yo volví a tener ganas de impresionarle, volví a recordar las fotos tan bonitas que hacía, su posición en los debates… Y le digo que a mí también me gusta el cine… ERROR.

Lo único que no hubiera sido un error dadas las circunstancias era la distancia entre el metro y el río… Algo que solo se puede hacer si el tren se para indefinidamente sobre el maldito puente de Oberbaum el día que está más lleno de gente borracha …me mira y me suelta en un tonito algo déspota… «¿Y cuál es tu película favorita?» Plof! In white! Encima ese tono… Se iba a reír de mí si le soltaba «Matar un ruiseñor» o «Macht Point» seguro que no había visto ninguna, si le decía que «El invisible Harvey» «Sabrina» o «Vacaciones en Roma» pero que «Desayuno con diamantes» no, porque la consideraba una gran película, pero también opinaba que estaba sobrevalorada. Todo esto en 8 segundos… ¿Qué había en el cine? ¿Qué le gustaba a mi hermano? ¿Sabría siquiera quién es «Alfred Hitchcock»? Porque ya le caía mal, me faltaba hacerle sentirse un completo imbécil (más aún) por no saber quién era Hitchcock, creo recordar que le dije «A todo gas» (creo que he visto 3 «obligada» por mi hermano pequeño, pero había salido una hace poco una y tienen bastante tirón aunque no es mi rollo) Y me dijo con una sonrisa burlona «es que eres una cría» nunca le había visto comportarse así en grupo y jamás hizo nada parecido aunque si me seguía tratando como si fuera lo suficiente adulto para que él tuviera que molestarse en hablarme. Finalmente resultó que él era un gran apasionado del cine y que yo le había soltado «A todo gas» … Pasaron unos minutos ENOOOORMEEEESS y me fui a mi casa.

Yo solo estuve esa vez 3 meses en Berlín, luego volví y estuve 6 años. Finalmente o nos hicimos amigos (cosa que no dudo porque yo soy adorable) o él aprendió a fingir mejor que yo no le caía como una patada en la boca. En cualquier caso le tengo cariño, aprendí mucho de él, suelo enviarle mis fotos de vez en cuando para escuchar que la gustan o que me corrija algo y al final me di cuenta de que sentía más admiración que ganas de echarle un polvo, era como una película buena que no te gusta… que también pasa.

El chico que rompió mi camión favorito… Si al menos le hubiera dicho Crepusculo…

Después de eso nunca pienso en que quieren oír los demás, no aguanto gilipollas e intento no compartir ruta de vuelta a casa después de las fiestas. TAXIII para uno. También aprendí que cualquier experiencia puede enseñarte algo, aunque a veces sale a cuenta y a veces no.

Aún siento algo de vergüenza de mi misma cuando pienso en mí yo de veintipocos intentando ligar con alguien a quien le cae mal. Mucha vergüenza y mucha ternura, mi pobre mini yo, que me enseño tanto.

Nota: Tú sabes que te quiero, pero sabes que te mereces que aquella noche te odiara.

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